lunes, 26 de marzo de 2018

Huellas por la paz y el arte


 Huellas por la paz y el arte es una antología  colombo uruguaya, a cargo de la escritora colombiana Ahikza Adriana Acosta y el escritor uruguayo, prologuista de la obra José Lissidini Sánchez. En la misma 50 poetas y escritores de ambos países le cantan a la paz y la buscan mediante la palabra, el sentimiento y la razón, como forma de llamar a la conciencia  colectiva a diseminar   la necesidad de paz que el mundo tiene en este punto crítico de la historia. 
Una obra que reúne diferentes voces de artistas emergentes y consagrados, en la cual tengo el placer de participar. 
Invito a la lectura de esta obra , hecha enteramente con el propósito de difusión y  concientización y que se distribuye en forma libre entre los lectores de todo el mundo, una obra para todos desde el corazón de 50 artistas latinoamericanos. 

 Comparto, además , en este  post  los poemas de mi autoría que publica este libro


Tiempo de luz
Puedo fluir como sangre sobre el filo 
con mi herrumbre socavar tu espada.
Y  hasta el tuétano el dolor, sostengo
mundo frío de humanidad desangrada
De paz y guerra, SG


(Entro en escena)
Y mientras te marchas
tu hoja cae sobre el campo de batalla.

Llegué para entregar mi cuerpo como ofrenda
Y mi cuerpo es agua y aire, amor y calma.
Es destino,
regalo en la risa de los niños
en la mente del sabio, en la labranza.

Y permaneceré  en ellos mientras duermes,
mientras guardas tus armas, dama profana.
Porque el poder lo tengo yo y siempre vuelvo.
Soy ama de la belleza y de lo puro
Señora del amor y del respeto.
Sé que me aman, sé que me llaman.

Y a pesar de tus triunfos transitorios
de tus cómplices en todas las batallas,
siempre tendré una novia que me espere
algún enamorado de mi tiempo efímero
de mi tiempo de luz cuando te marchas.
...................

Sandra Gutiérrez Alvez
Uruguay


 Única y potente

Hija del corazón humano,
soy preciada y escasa.
Un regalo del Creador que pocos alcanzan.
Soy libertad en ti y en otro una rosa espinada.
Y la furia enardecida de los sedientos de poder
me daña.
Me escondo entre sus dedos y me lanzan
despedazan mi cuerpo con sus metrallas.
Y soy palabra
sustantivo en un mundo de verbos venenosos.
Única y potente
Vocablo de armónicos acordes
Flor de labores cotidianas
Pan para los pobres
Esperanza
Calma
Esa soy yo
Paz me llaman.

.................

Sandra Gutiérrez Alvez
Uruguay

viernes, 17 de noviembre de 2017

Del primer instante


Del primer instante.

Los amores no dependen de la belleza de sus actores, más bien de la hermosura del  primer instante, ese,  en el cual el silencio desprende un gusto inigualable a miel de amor, miel original, única y misteriosa que ocupa los sentidos y los esclaviza a trabajar en su favor por un buen tiempo.

Muchos amores tienen comienzos instantáneos y finales infinitos, uno se enamora en un microsegundo y no sabe cómo ni por qué le entrega su mente y corazón a un total desconocido, que demora un millón de instantes iguales  en devolvernos la cordura y otro tanto en  mostrarnos las puertas del olvido.

Existen amores raros, agudos y profundos,  que nacen desde la intensidad de aquel relámpago  inicial calando hondo. A otros, los escriben las circunstancias y a medida que el tiempo pasa, se van  haciendo profundos, gota por gota, poco a poco se afianzan como raíces en suelo árido. 

Hay amores que son  collages de idas y venidas  unidas con restos rancios de aquellas primeras mieles,  sueños más que amores, pero amores en fin, porque uno ama.


Igualmente, todos los amores son  únicos e irrepetibles, algunos como  joyas talladas en una sola pieza, diamantes engarzados en metales preciosos o argollas de alambre y cuentas de vidrio, fantasías que pierden su brillo con la primera lluvia… Pero, por el extraordinario  sabor de esa miel prima todos los amores valen el riesgo de entregarse y perderse, porque el valor de un amor no depende del tiempo ni de la belleza de sus actores sino de la hermosura del primer instante. 

Salma Hassan

lunes, 6 de febrero de 2017

Mariposas y luciérnagas


Mariposas y luciérnagas

A mi amigo Willy

Me despedí de aquellas mariposas azules tal como se despide un niño de sus compañeros de clase, con lágrimas a punto de descolgarse, tragando el sorbo salado de la angustia. Sabía que febrero tenía un ritmo de vuelo especial y que no era ni el viento ni las hojas amarillas lo que marcaban el fin del verano, era el viaje hacia la ciudad.

Por largos años mi felicidad estuvo plantada en enero y florecía cada año con más fuerza para perecer algún fin de semana de febrero. Tenía una muerte lenta que se anunciaba un viernes y soltaba su último estertor el domingo de tarde en una larga caravana de vehículos, a paso de hombre, por cincuenta kilómetros hacia la capital .

Ningún carnaval con tronar de tambores , ni teatro, ni rambla podrían devolverme  la sensación de mis pies enterrados en la arena húmeda del río. Nada se comparaba a las  tardes llenando bolsas de caracolas, piedras y vidrios de colores gastados por las olas. Los supermercados de Montevideo no vendían frascos de luciérnagas. En ningún museo estaba pintada la sonrisa de mi madre al verme correr libre por la orilla, ni las luces de la ciudad podían darme las noches  inundadas de luciérnagas con su tic tac casi amenazante sobre mi cabeza. El verano en la playa era el rey de mis entretenimientos, un lugar casi mágico donde jugar, crecer y aprender.

A veces pienso que me vuelvo niño cada vez que regreso, jugando con las agujas de pinocha, escribiendo en las nubes mis deseos. No hay mayor felicidad que recordar los buenos tiempos, y aunque cada vez sean menos los días de playa, jamás podré borrar de mí el recuerdo de felicidad plena a orillas del río, con cuerpo pequeño y mente voraz...Allí donde las mariposas y las luciérnagas aún me dejan mensajes escritos en los troncos de los pinos para que vuelva siempre que piense en ellas.


Salma Hassan